La escalada de violencia
Que estamos en una época violenta, es cosa sabida. Desde cuándo, es difícil determinarlo, pero las agresiones han ido escalando tanto en cantidad como en calidad a lo largo de las últimas décadas. Las noticias parecen hasta “divertirse” con el tema, cambiando un muerto hoy por otro mutilado mañana, uno quemado al otro día o alguno masacrado en patota en las madrugadas tan desnaturalizadas de estos tiempos.
Hasta la sociedad misma parece acostumbrarse, adormecerse ante la brutalidad de los seres humanos que hoy por hoy son capaces (al menos en algunos países “peligrosos”) de matar por matar, aun hasta sin razones. Los hay que lo hacen por diversión, los que juegan al videojuego en forma de reality –como “el loco de Belgrano”-, los que matan para robar y terminan yéndose sin nada pero dejando una o más víctimas en su acción. Los hay por motivos amorosos o pasionales, por razones mafiosas “inconsistentes” comparadas con las razones que antes ameritaban una muerte para estos grupos. En fin, el valor de la vida humana ha perdido dramáticamente importancia, al grado de que salir a la calle para muchos ya implica un riesgo (ni hablar si es de noche), cuando antes esto no era así. Hoy en cualquier momento uno se cruza por la calle con un portador de aspecto de delincuente o hasta de asesino, aunque en verdad quizás no lo sea. Pero una persona encapuchada, con gorra, con las manos en los bolsillos y a veces hasta con la cara semi-tapada es razón más que suficiente para que alguien se pegue un susto padre a la vista de los desastres que vemos a diario en los noticieros…
No obstante, la violencia tiene otras formas, como la de género, tan en boga últimamente. Un buen estudio sociológico y psicológico debería determinar qué desató este tipo de violencia que, aunque siempre en alguna medida existió, hoy por hoy llega a límites impensados, y todos estamos al tanto de lo que estoy hablando con tantos casos escandalosos ocurridos últimamente. Yo creo que la avanzada de la mujer en la sociedad, ocupando puestos de importancia y esgrimiendo personalidades avasallantes o al menos no sumisas, debe tener que ver con un desplazamiento del hombre a lugares o formas más relegadas y resistidas (por supuesto), que disparan en “el macho” cualquier tipo de desastre que se le ocurra –dejemos la lista de lado-. Pero no soy un experto en el tema, aunque creo que algo debe haber de cierto en esto.
Los niños (¡los chicos!) son hoy por hoy víctimas de todo tipo de abuso, tanto sexual como psicológico o hasta de asesinatos –el año pasado en nuestro país se deben haber batido todos los récords de pequeños ultimados- por diferentes causas que pueden tener que ver con venganzas hacia sus padres, con violaciones seguidas de muerte en muchos casos practicadas por perversos irreversibles y hasta con ser víctimas inocentes de disparos que nunca los tuvieron como destinatarios, y fueron muchos casos…
Hasta los adolescentes (y los chicos también) suelen agredir al que estudia, al que es lindo, al que no se droga, o al que no quiere hacer lo que el grupo desea con un inusitado terror que deja heridas, mutilaciones o angustias difíciles de solucionar.
Y la hay también silenciosa, que no deja marcas físicas pero sí espirituales: la violencia psicológica, esa que se ejerce dentro de casa y que no tiene prensa, pero que tortura a muchísima gente en sus hogares al maltrato, al destrato, la falta de respeto, la agresión permanente, la subestimación, la degradación, la humillación… Que perfora todos los límites externos del cuerpo sin dejar huella alguna pero destroza el alma y somatiza enfermedades que van matando de a poco (o no tanto). ¡Cuántos cánceres y otras enfermedades deben tener su origen en el desamor que alguien infiere dentro de cuatro paredes, sin que el mundo lo sepa! A veces se sabe, como cuando “el loco” Barreda provocó un verdadero desastre familiar a partir de la permanente sumisión y maltrato al que lo sometía su familia, y así debió pagarlo. Pero la mayoría de estos casos no tienen más que finales de enfermedad y muerte y no de asesinatos, aunque en el fondo la diferencia –quizás- no sea demasiada… ¿Vos qué opinás…?Publicadas por Alejandro FIGUEROA 8 comentarios
Un esperado 2012
En esta nota que va cerrando un 2011 muy desparejo (con grandes éxitos para muchos y tremendas desgracias para otros tantos), quiero dejar un poco la política, la economía, los internacionales, la sociología y toda mi cosmografía que vertí en las últimas notas del año, para “encerrarme” y tratar de hacer lo mismo con cada uno de Uds., intentando reflexionar profundamente cuánto bien podemos hacer desde nuestro humildísimo pero potente lugar para cambiar en algo nuestras propias vidas y, a su vez, la de nuestros semejantes -fundamentalmente los más cercanos- y la del mundo todo…
El fin de año pasado escribía “Que estén a salvo…”, donde realmente deseaba que cada uno de nosotros pudiera pasar los doce meses sin ninguno de los miles de problemas que a diario acechan, tanto aquí como en muchos lugares del mundo. Era un momento en que se estaba viviendo muy mal, muy convulsionado en nuestro país, y pensé que ese deseo podría ser suficiente para que cada lector lograra llevar un año “con progresos” (aunque eso solo significara no tener sobresaltos).
Hoy el convulsionado es el mundo, pero creo que está bien que así sea. “Crisis” significa cambio, y es lo que el planeta está necesitando para que todos vivamos mejor –aunque va a costar caro, seguramente, cambiar un modelo de intereses por uno más espiritual y altruista-.
En lo personal, fue un año de durísima lucha contra mi lesión que aún no me permite caminar solo sino asistido, postergando toda mi vida “para cuando me cure”, pero poniéndole garra desde hace ya dieciocho largos meses, acompañado por mis padres que intentan volver a parir un hijo para que pueda salir a la vida, aunque esta vez es bastante más difícil por las circunstancias…
No obstante, he visto mucha gente que sufre (y mucho más que yo), alguna ya resignada, otra un poco abandonada y otra igual de entusiasta que quien escribe…
Me parece que en cada uno existen proyectos de vida distintos, que por supuesto tienen que ver con su entorno cultural, familiar, de nivel social, de salud, de educación. Quien no terminó su secundaria, quizás tenga en ello una meta importantísima. Quien tiene mucho dinero, quizás esté esperando el momento para poder realizar el gran negocio de su vida. Quien tiene un nivel de vida humilde y lucha para que su hijo termine una carrera universitaria, pondrá en ello todo su esfuerzo y entusiasmo para lograr un salto cuántico social en la familia. Quien no dispone de salud, quizás solo pretende volver a tenerla para disfrutar de las pequeñas cosas de la vida y hasta de ayudar a sus semejantes que padecen lo que él padeció…
En este 2012, plagado de esperanzas por un cambio de paradigma, los sueños de cada quien volverán a tener un nuevo impulso empujado por un almanaque nuevo y –quienes en ello creen- en la instauración de un nuevo modelo en el mundo… Y en ese marco, yo hago votos por un sueño colectivo, abarcativo, inclusivo, que permita llegar a todos los continentes, a todos los países y todas las personas. De cualquier raza, cultura, credo, nivel educativo y condición socio-económica: un sueño ecuménico, que no deje a nadie afuera, perdido, olvidado. Ni a los malos, ni a los presos, ni a los dictadores, ni a los discriminadores; ni a los especuladores, ni a los torturadores, ni a los violadores, ni a los delincuentes; ni a los corruptos, ni a los ventajeros, ni a los asesinos, ni a los mafiosos… Mucho menos a toda la gente de buena voluntad que hace que el mundo se mantenga en pie día a día gracias a su trabajo, su esfuerzo y hasta su solidaridad y preocupación por el prójimo. Ese sueño nos incluye a todos en la búsqueda de Dios (el que sea), único proveedor de Paz y Amor para borrar las atrocidades e injusticias de este mundo, único capaz de tener misericordia de cada uno de nosotros, haya pasado por lo que haya pasado y haya hecho lo que haya hecho; único capaz de consolarnos por nuestras pérdidas y nuestras miserias y cambiarlas por alegría; único capaz de sanar nuestras dolencias espirituales y físicas; único capaz de tender un manto de piedad sobre todas las inequidades que el hombre produjo, para transformar el mundo en un lugar Justo; el único que puede lograr la Universalidad y con ello el gran misterio humano de ser en sí un pedacito de Dios que al juntarse con el Supremo logren la gran Paz Universal…
Hoy, en estas nuevas fiestas que renuevan todas las fuerzas y los proyectos, los invito a sumarse a este gran sueño mío (y seguramente de muchos) en la íntima convicción de que el cambio que cada uno de nosotros logre en sí mismo y apunte a la Universalidad será la llave que permita pasar de este paradójico desgastado y aún primitivo mundo a uno superior, solidario y embebido de Dios de una manera tal que nos permita estar ahí, casi, casi, a las puertas del Cielo.
Gracias a todos por acompañarme un año más. Felicidades, que Dios los bendiga en estas Fiestas y en este esperado 2012. ¿Vos qué opinás…?Publicadas por Alejandro FIGUEROA 8 comentarios
Cómo entender esta hecatombe del mundo sin haber ido a Harvard
Sí, quizás el título parezca un poco pretencioso: que una persona común, que vive en los confines del mundo y no en los centros mundiales de decisión, pueda acercarse a determinar por qué está el planeta como está y tratar de que su elucubración tenga algún atisbo de realidad más cercana a la verdad que la que pregonan los grandes académicos del mundo, puede parecer presuntuoso. Sin embargo, hace poco más de un mes, los Premios Nobel de Economía aún vivientes estuvieron reunidos en Europa tratando de descifrar cómo se sale del atolladero en que los Países del Primer Mundo se han metido (y que arrastrarán al resto de las naciones en poco tiempo, seguramente) y no lograron ponerse de acuerdo en nada, todos tenían visiones distintas de los caminos que deberían encararse para llegar a alguna solución. Lo cual significa que tener grandes conocimientos, títulos y premios en nada asegura tener una cosmovisión mejor que la que pueda tener alguna otra persona con criterio sin haber llegado a Oxford, Salamanca, Harvard, Columbia o cualquiera de las grandes casas de estudio del mundo…
Es por ello que –siguiendo esta realidad- me animo a aventurar yo también mi diagnóstico y hasta mis proyecciones sobre las mundanas realidades que le toca y le tocará vivir al mundo, ahora que justamente se habla tanto de un cambio de era que comenzaría al finalizar el año próximo según calendarios alternativos al que manejamos a diario (como es el Maya).
Desde que el mundo tiene Historia (olvidemos por ahora la Pre), los sistemas que han regido las comunidades siempre se han basado en alguna forma que nunca tuvo en el foco de su meta al hombre como centro de los beneficios, sino más bien a métodos que de una u otra forma han permitido que unos pocos de esos hombres hayan dominado al resto, sometiéndolos a diversas formas de explotación.
Desde el Feudalismo de la Edad Media hasta la Guerra Fría posterior a la Segunda Guerra Mundial, esto siempre ha sido así. Unos pocos tenían el poder, defendidos por ejércitos que mantenían a los explotados bajo régimen y el resto… a trabajar por el pancho y la Coca.
No obstante, el constante equilibrio de tensión que mantenía al mundo durante la Guerra Fría con los dos colosos imperialismos (el Capitalismo y el Comunismo) dominando cuantos países pudieran, hacía que las cosas no terminaran de salirse de sus cabales, quizás por el riesgo de que cualquiera de los países aliados a una fracción se intentara pasar a la otra, lo cual mantenía –por convicción o por la fuerza- a muchas naciones bajo la elite de uno de los dos polos (algunos de los que no se quisieron someter a uno u otro bando formaron parte de los “Países No Alineados”, aunque nunca prosperaron demasiado en esa postura…).
Pero como los dos sistemas tenían como forma de subsistencia la explotación, estratégicamente estaban destinados alguna vez a desaparecer. Así fue como hace veintidós años, el Comunismo sucumbió, el Muro de Berlín se derrumbó y la Perestroika y luego el Glasnost dieron paso a un nuevo Capitalismo en el Este, que dejó parado a este sistema como el vencedor en todo el planeta y entonces se propuso darse todos los lujos de explotación que quiso, de un modo hasta salvaje. El mundo vivía –desde hace siglos- un proceso de Globalización que favorecía a los grandes explotadores del mundo a seguir enriqueciéndose de la mejor manera. Así fue como derivaron la producción de bienes a los países de mano de obra barata, desmejorando la situación de los estados poderosos donde los trabajadores cobraban sueldos mucho más altos y dignos. De esta forma, los productos costaban más baratos, se vendían al mismo precio y las ganancias se multiplicaban. Una ganga.
Por otro lado, el mundo fue involucionando en Educación, ya que en los países del Norte, donde se vivía bien, mucha gente optó por el cuentapropismo y el comercio en vez del estudio (después de todo, vivía bien igual con menos esfuerzo), lo cual desmejoró el nivel de capacitación general de las naciones, algo que se desprende de recientes estudios sobre la materia, fundamentalmente en los EE.UU.
Todo esto fue produciendo un ensanchamiento de la franja entre lo que ganan ricos y pobres a lo largo de décadas, de manera sostenida.
Así las cosas, y como si fuera poco, dos hechos no poco importantes se han producido en los comienzos del siglo XXI que vinieron a complicar aún más la situación: el mundo ha llegado a tener 7.000 millones de personas (la mayoría pobres, por los procesos ya explicados), y la hipercomunicación del mundo de hoy a través de Internet y la telefonía celular que ha permitido que toda esa masa de gente “esclavizada” en todo el planeta (aún en los países centrales) comenzara a tener contactos entre sí. El libro “Indígnate”, del joven francés de 93 años Stépane Hessel de principios de año no hizo más que ponerle la frutilla a un postre que estaba servido desde hace rato, aunque muchos no estaban al tanto y se fueron dando cuenta a través de este estrechamiento del mundo que produjo la tecnología.
Hoy, a la “primavera árabe” de Túnez, Egipto, Libia y otros países africanos podemos sumarle indignados en España, Grecia, Portugal, EE.UU., Italia y hasta naciones de América Latina, con Chile a la cabeza. Europa ve cómo se cae a pedazos un sistema que se fagocitó a sí mismo (como todo cáncer), los EE.UU. observan cómo su liderazgo mundial va a parar a manos de China, un país que explota a su gente aunque muestre un paraíso en la tierra en muchos lugares, y los Premios Nobel se encuentran desorientados por no saber cómo se llegó a esto, cuando era algo previsible teniendo en cuenta que no se puede “globalizar” el comercio si no se globalizan los salarios, las condiciones sociales, educativas y culturales de las distintas naciones (algo utópico, por cierto), y sin ninguna planificación mundial que indique quién es quién, todos los procesos de integración (Mercado Común Europeo, Eurozona, Mercosur, Grupo de los 7, Grupo de los 20 o lo que fuera, y con la mejor intención) solo tiene destino de fracaso, como el que ocurrió…
¿Y ahora?
La gran pregunta que los académicos no logran resolver es un verdadero acertijo muy difícil de solucionar. Ya vemos cómo la credibilidad en los sistemas democráticos se ha desmoronado en casi todo el mundo, cómo en Egipto ya empezaron las luchas intestinas por ver quién ejerce el poder (lo mismo va a pasar en todos los países que vieron caer sus dictaduras), la falta de liderazgos en todo el mundo, empezando por los EE.UU. que había creado una gran esperanza a partir de la asunción de un líder “solidario” –al menos eso parecía- como Obama, y la gran ceguera mundial de todos los dirigentes del planeta que pretenden arreglar desde lo económico un problema que tiene que ver más con lo filosófico y con la concepción del mundo que con los mercados financieros, los índices bursátiles y las calificadoras de riesgo.
El mundo necesita la llegada de gurúes “no económicos” para resolver esta encrucijada, pero ya. No puede esperar un día más. La solución no va a salir de la cabeza de nadie en particular pero sí de un verdadero debate filosófico –sin entrar en terrenos religiosos porque eso echaría a perder el horizonte, aunque podrían participar del debate filósofos que tengan que ver con la religión, por supuesto sin incumbirla-. Es necesario un cambio de paradigma que de una vez por todas ponga al hombre en el foco del desarrollo y lo saque del padecimiento (hambre, desnutrición, enfermedades, falta de educación y participación, injusticia, desprotección, falta de contención, etc., etc., etc.) para alcanzar un planeta justo que tenga un fin estratégico acertado y no uno inviable como el que viene teniendo desde hace siglos. Estoy convencido de que ésa es la nueva era que está por llegar y ojalá permita en no demasiados años convertir el planeta en un lugar más vivible para todos… ¿Vos qué opinás…?Publicadas por Alejandro FIGUEROA 5 comentarios



