LA MUERTE DE NESTOR KIRCHNER

La muestra de civilidad la dio la gente

En una especie de gimnasia necrológica, la Argentina se conmueve por segundo año consecutivo con la muerte de un ex Presidente. Que, como lo fue Alfonsín para sus seguidores, también se trató en el caso de Néstor Kirchner de la pérdida de un líder carismático, algo que quedó plasmado en la eterna fila de militantes que desfilaron ante el féretro durante dos días en la Casa de Gobierno; en el improvisado pero sentido altar que se instaló en la Plaza de Mayo, en su vereda cercana a la Rosada; en la verdadera peregrinación del cortejo fúnebre hasta el Aeroparque, con el auto y su techo colmado de flores, banderas, gorros y cascos obreros, en medio del fervor de la despedida de la gente que incluyó hasta los tan argentinos papelitos; en las distintas agrupaciones políticas y sindicales que –con desacostumbrada sociabilidad- se repartieron los lugares a lo largo del recorrido lleno de paraguas y de afecto. En suma, una movida ciudadana que dio, por cierto, una gran muestra de respeto, de cariño y hasta de pasión hacia quien, para sus muchos adherentes, fue un verdadero líder, que se desarrolló en un ambiente más que ceremonioso (sobre todo teniendo en cuenta el virulento momento político que se viven las últimas semanas, hasta con un muerto incluido…).

No obstante, la acongojada y serena despedida del pueblo (un pueblo, para muchos, bastante menos educado y mucho más intolerante que el de décadas atrás) contrastó notablemente con la actitud denostable de la Presidenta que, ni aún en su dolor, logró permitirse transigir para recibir el pésame de sus adversarios políticos como Ricardo Alfonsín, Mauricio Macri, De Narváez, su vicepresidente Julio Cobos o el ex Presidente Eduardo Duhalde, como asimismo no recibió las condolencias de los miembros de la Corte Suprema de Justicia, en un acto que refleja que ni la muerte, que de por sí deja de lado cualquier disputa o diferencia de pensamiento, fue capaz en este caso de lograr el acercamiento que el dolor por la pérdida de un ser humano siempre debe alcanzar.

Una muestra más de la falta de convivencia extrema que caracteriza a nuestra clase política y a la administración kirchnerista que hace de la intolerancia una forma de gobernar, en vez de apelar a la negociación, a la charla, al debate político, a la concertación y al acuerdo. Y que, en su afán de negar la realidad, veló a cajón cerrado al occiso, algo que ya está haciendo circular rumores por lo ilógico del hecho.

Cristina queda debilitada por la pérdida de un esposo y de una espalda política que la sostenía y protegía de todo. A la vez, sale fortalecida ante las muestras de afecto y de fuerza que le brindó el pueblo y ocho presidentes latinoamericanos que se acercaron a acompañar su dolor. Veremos, de ahora en adelante, un cristinismo sin Kirchner, algo verdaderamente inesperado y que mantendrá al acecho a oponentes políticos y sindicales que querrán, sin duda, pellizcar pedazos de poder, ahora, que no está el Jefe… ¿Vos qué opinás…?

Asistiendo a mi velorio

Tarde del 29 de abril de 2010. Mi asma me aplica la peor jugada de su historia. Distinta, sin tanta disnea brutal, sin tanta desesperación, como es lo habitual. Esta vez fue como adormeciéndome, como quien respira gas natural hasta quedarse dormido primero y muerto después. Algo así…
Una oportuna llamada telefónica alertó a mis viejos de que la cosa venía mal. Me escucharon con solo un hilo de voz y no muy firme en lo que decía. Intuición paternal mediante, mis padres ahorraron consejos inútiles y salieron volando de su domicilio en Lanús para llegarse hasta Quilmes (unos 15 Km., para quien no conoce) en tiempo récord. Entraron a mi casa -tienen llaves- y me encontraron tratando de respirar bajo un ventilador de techo y con un color azulado en mi rostro, algo cianótico y desconcertado… Cinco minutos después entraba a la Guardia del Hospital de Quilmes, y otros cinco minutos después hice un paro cardio-respiratorio. Estuve “muerto” algunos minutos (un enfermero habló de diez), hasta que la reanimación desesperada del personal médico logró traerme de nuevo al mundo. Pero estaba mal. Muy mal…
Me trasladaron a Sala de Terapia Intensiva y se me pasó a condición de coma farmacológico en el afán de ahorrar toda energía que no aportara a tratar de salir del cuadro. Quienes me vieron contaron ocho tubos en mi boca, amen de cables y toda la parafernalia que uno conoce de cualquier caso de estos.
Mis bronquios se cerraron (más bien se pegaron) como nunca lo habían hecho antes y no había medicación que lograra abrirlos. El respirador artificial parecía tener efecto contrario: el pecho se me hundía en vez de inflarse…
Mis dos hermanos que viven en España llegaron al Hospital quince horas después del ataque (para el Guiness). Familiares y amigos (en cantidad asombrosa, algo que no hubiera imaginado) esperaron durante días cada parte médico con la esperanza guardada en el corazón. Los primeros días era realmente difícil mantenerla, porque todo indicaba que iba a ser casi imposible salir del cuadro, nadie podía dar fe de que iba a ser así. Hubo más de un llanto, según me enteré, de quienes ya me daban ciertamente por muerto.
El personal médico y los enfermeros de Terapia Intensiva lucharon como leones varios días para aliviar mi situación –muy larga para describirla (cuatro veces más durante esas jornadas debieron reanimarme con masajes porque todo empeoraba)-, y para tratar de que reaccionara después de los seis días del coma farmacológico.
Finalmente, un día Dios quiso que me pudieran quitar del todo el respirador tras varios intentos y, más tarde, que fuera despertando, después de casi una semana.
La expectativa de los médicos y de todo mi entorno era conocer cuál iba a ser mi condición al recobrar la conciencia después de la hipoxia –falta de oxígeno en el cerebro- que debió provocar el paro y los tantos días en que mi respiración era casi imperceptible.
No obstante, y ante la alegría –y quizás el asombro en algún médico o enfermero- de mis familiares y amigos, mi despertar fue normal, reconocí a todo el que vi y hasta bromeé porque estaba en un lugar al que me habían llevado “engañado”…
Fueron doce días los que pasé en la Terapia Intensiva del Hospital Zonal General de Agudos de Quilmes, Dr. Isidoro Iriarte. En ellos, no solo salvaron mi vida sino que encontré una contención y un tratamiento absolutamente de excelencia. La calidad profesional de los médicos y enfermeros, la atención permanente y preocupada al extremo, la aparatología de calidad, todo en el lugar escapa ampliamente de la mediocridad general argentina, máxime tratándose de una institución del Estado. Sería enorme mi ingratitud si no destacara estos aspectos sobresalientes del lugar y de cada una de las personas que allí trabajan poniendo verdaderamente el corazón para salvarle la vida a la gente, como fue mi caso. Enorme y para siempre será mi agradecimiento para cada uno de quienes allí se ganan la vida.
Después pasé a Sala común durante diez días, mientras los profesionales de Neurología seguían de cerca lo único que quedó por corregir: mioclonías en mis piernas y brazos –unos movimientos involuntarios- que no me permiten caminar. Finalmente salí del Hospital catapultado por una repentina “epidemia” de bronquiolitis y neumonía a la que los médicos no quisieron exponerme y me mandaron a casa con la medicación –y unos ejercicios de rehabilitación- bajo el brazo, con fecha de regreso cinco días después, para control.
Hoy sigo mi tratamiento (el neumonológico y el neurológico por las mioclonías que aún me mantienen postrado, aunque con esperanza de volver a la normalidad en un plazo desconocido: ¿meses? ¿un año?). Pero más allá de lo estrictamente médico, ninguna persona que haya “nacido dos veces” es exactamente la misma. Y yo no soy la excepción…

Mi “segunda vida”
Es duro perder la independencia de repente. Yo vivía solo, llevaba a mi hijo por la mañana a su escuela, iba a mi empleo y por la tarde realizaba una amplia gama de actividades que incluían ver un rato a Guido y todo lo demás que conformaba mi día, que por cierto no era poco teniendo en cuenta mi sociedad en un negocio del cual debo ocuparme a diario, mi actividad social en el Club de Leones y el hecho de atenderme a mí mismo (ir al supermercado a comprar alimentos, cocinar, mantener la casa –aunque sea medianamente-, etc., etc., muchos etc.). Acumulaba trabajos, actividades, incluso cosas, en una carrera constante contra el tiempo, haciendo honor a las ideas de “El Hombre Mediocre”, de José Ingenieros, que plantea todo el tiempo que día a día envejecemos, nos ponemos decrépitos y lo que no hicimos hoy quizás mañana nuestra condición ya no nos permita poder hacerlo…
De pronto todo esa permanente carrera se terminó: debo vivir con mis padres asistido permanentemente para múltiples cosas, casi no me muevo de mi nueva vivienda, trabajo por Internet, veo a mi hijo una tarde entre semana más el finde, y toda mi vida social, laboral, familiar, personal quedó reducida mínimamente a lo poco que se puede hacer…
No fueron pocos los momentos de indignación hacia mi nueva condición, hacía Dios y el porqué del merecimiento de este “castigo”, mis iras hacia cada cosa que no puedo realizar, mis dolores físicos y mentales al caerme (algo por demás habitual) y mi permanente resistencia a adecuarme a una realidad que no era mía, aunque ya lo era…
El tiempo, que es sabio, fue consolándome y haciéndome dar cuenta de que todos estos ¿meses? de recuperación que tengo por delante son simplemente para que discontinuara una forma de vida (por cierto, si hubiera vuelto a caminar enseguida hubiera retornado a mi trajín habitual) y me tomara todo este lapso para reflexionar sobre “mi vida anterior” de una manera crítica beneficiosa que permita cambiar algunos estados de cosas.
No soy de arrepentirme, porque soy por demás pensante y, como todo lo pienso antes de hacerlo, ¿por qué arrepentirse? Lo malo es hacer las cosas sin pensar y arrepentirse por haberse equivocado, pero si uno lo pensó, el arrepentimiento no es lo que corresponde sino quizás la resignación de haber decidido mal.
Sin embargo, a lo largo de mi primera vida, entonces, me equivoqué muchas veces, y eso lo puedo ver mejor hoy ¿Por qué? Es así:
A mi “velorio” concurrió tanta gente como nunca me hubiera imaginado –a la visita de Terapia de tan solo media hora venía muchísima gente que sabía que no iba a poder ingresar a verme, pero al menos tenía noticias de cómo seguía mi estado de salud; asistieron viejos amigos y personajes que no veía hace años y que se acercaron tanto cuando estaba en Terapia como en sala; tantísima gente como nunca hubiera pensado me aseguró que rezaba por mí todos los días; algunos “locos” hasta hicieron promesas pidiendo por mi vida; cadenas de oración por mi salud se repitieron aquí y en el exterior. Realmente una movida increíble que creo firmemente fue la que convenció a Dios de dejarme un rato más por estos lados (cabe acotar que es verdaderamente un milagro –dicho por más de un médico- que yo haya quedado vivo y en este estado). En algunos casos, ciertamente, me dio la rara sensación de que había quienes me querían mucho más que yo mismo…
Charlas posteriores, actuales, con mucha de esa gente me llena los ojos de lágrimas al dejarme ver que uno sembró algo en aquella vida de lo que quizás no sea muy conciente. Y entonces uno se tranquiliza, se siente bien, se esperanza con una nueva realidad próxima, pero se arrepiente de tantos sinsabores admitidos en la primera vida, empieza a ser más conciente de quién es y a arrepentirse más de haber permitido maltratos y sinsabores a quienes se les permitió en su momento. Y todas esas repetidas mortificaciones se sufrían, por lo cual también se pensaban, lo cual da la pauta de mis continuos errores…
Es más que interesante saber cómo va a ser el velorio de uno. Yo, prácticamente, lo pude saber –en realidad la mayor parte me la contaron porque la primera semana de Terapia estuve en coma-. De ella pude recoger una valiosa experiencia que de ninguna otra forma hubiera logrado. Y es este el lado positivo de toda esta vivencia, porque pude saber mucho más quién soy, lo que me permite valorar aspectos que antes no atendía tanto. Y darle aún mucha más importancia a algunos consejos de la vieja “Desiderata” que sugerían:

“recuerda que la paz puede encontrarse en el silencio.
Mantén buenas relaciones con todos en tanto te sea posible,
pero sin transigir.
Di tu verdad tranquila y claramente;
Y escucha a los demás, incluso al torpe y al ignorante.
Evita las personas ruidosas y agresivas,
pues son vejaciones para el espíritu.
Sé tu mismo.
Acepta con cariño el consejo de los años, renunciando con elegancia a las cosas de juventud.
Nutre la fuerza de tu espíritu para que te proteja
en la inesperada desgracia, pero no te angusties con fantasías.
Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.
Más allá de una sana disciplina, sé amable contigo mismo.”

Ahora como nunca mantendré vigentes cada uno de ellos y viviré este “bonus track” que Dios me concedió compartiéndolo solo con quienes siempre me hicieron bien, con algunos que de pronto reaparecieron y hubiera sido bueno que nunca se hubiesen perdido y aprovechando al máximo cada minuto de esta segunda vida, porque, seguro, otra ya no va a haber… ¿Vos qué opinás...?

Cálmate, Tierra...


No te inquietes, no te conmuevas
que no estamos listos para tanta enjundia.
No te contraigas, no te sacudas
que nos desespera tu rabiosa chifladura.

Cual venganza previsible e impiadosa,
desde arriba y desde abajo nos castigas.
Y mientras las culpas buscan a sus dueños
parece tarde para obviar lo inevitable.

Desde todos tus confines se estremecen
los desgarradores alaridos de la angustia;
de quienes buscan recuperar lo quebrantado
y quienes saben que tu fuerza es absoluta.

Hoy tu Parkinson y tus lágrimas cruentas
se revelan ante el huésped atrevido.
Solo queda soportar tu intensa furia
y rezar a todo Dios por tu sosiego…

A los Pueblos de Chile y Haití, condolencias y solidaridad.

Ana, la Grande


“Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé” decía Discepolín, seguramente en una de sus tardes de depresión y aguda observación. Claro, todo depende del cristal con que se mira, y de lo que uno puede y quiere mirar también… En los post de este rinconcito de la Web he intentado alternar aspectos buenos y malos de la Humanidad en general –quizás también de acuerdo a mi propio estado de ánimo, o de temas puntuales que de pronto se instalan en la sociedad y son difíciles de esquivar-.
El de esta vez está lejos de las visiones apocalípticas de Discépolo. Es un oasis, un canto a la vida, al amor y a la esperanza que, como siempre, es lo último que se pierde. Esta vez la referencia es a aquellas personas que son diferentes. Que mejoran la vida de los demás, de la sociedad. Esas personas distintas, cuyo ego parece minimizarse en aras del bien ajeno, del alivio del que sufre. De quitarle el dolor a quien lo padece, de cambiarle el ánimo al desanimado. Todos (o casi) conocemos a alguna de esas personas que se convierten en la indicada para compartir los momentos agradables pero también los que no lo son, esos en los que solo queremos estar con quien se preocupa y se ocupa de nosotros de una manera que uno mismo no puede comprender cuál es… Gente especial, sin duda, que marca esa esperanza de la que hablaba, al hacer ver que el bien aún existe y de una forma muy poco imperfecta.
Esta entrega pretende ser un homenaje a esa gente. Que la hay, y que cada uno de nosotros puede ponerle un nombre. Yo le pongo “Ana María Dellacqua”. La DOCTORA (así, todo con mayúsculas) Ana Dellaqua, o “Anita” para los íntimos. Una profesional con una altísima precisión médica, capaz del diagnóstico más preciso y raro con apenas unos pocos síntomas. Y de reponer a cualquier enfermo de patologías poco convencionales con tratamientos sencillos y con una dedicación incansable. Guía de miles de pacientes fieles a su calidad profesional y a su determinante forma de buscarle solución a los problemas. Y con una inclaudicable y permanente disposición al servicio, pudiendo atender pacientes en sus domicilios durante años y en forma gratuita (muchos son los que bien saben esto).
Anita. Un ser con una infinita capacidad de dar. Siempre dispuesta a la ayuda, en el ámbito que sea (arreglar un mueble, decorar una habitación, solucionar un problema familiar, hacer un trámite o cualquier otra cosa que pueda significar resolver el inconveniente del otro).
Anita, sí. La dueña de una exquisita cultura, de un interminable catálogo cerebral de piezas de arte, de cine, de teatro. Un verdadero libro abierto de las ciencias y las artes, que no deja de investigar Medicina u otras disciplinas muy lejanas a ella.
Ana, alguien con una inquieta capacidad de aprender (si lo sabrá su PC!), que nunca deja de avanzar sobre aquello que le interesa, que le mueve esa intensa curiosidad de niña que aún lleva adentro. Y que a su vez es una excelente docente, capaz de brindar clases magistrales de Biología, de Matemática y de otras materias a quien necesite sumergirse en ellas.
Ana, la enorme Ana. La que sabe lo que es caerse a las más profundas oscuridades de la vida. Pero también sabe cómo luchar contra ello y, lo que es más importante, aprendió cómo arrimar el hombro para asistir al caído, como alguna vez sugirió Jesús en la parábola del buen samaritano.
Ana, la gigante Ana. Que no por gigante deja de ser alcanzable. Todo lo contrario: la sencillez y la humildad son verdaderas normas de vida que rigen su conducta y su trayectoria toda. Un ser abierto, dispuesto, afable, que siempre tiene sus enormes brazos abiertos, como una gran Madre.
Ana, la amiga. Que sabe practicar una amistad inoxidable a través de los años que, por cierto, honra a quien puede disfrutarla.
La DOCTORA Ana Dellacqua, que tras su fecunda y paciente tarea de tantos años, se dispone ahora a disfrutar del ocio creativo que le permitirá ejercer su inminente jubilación, que festejan –aunque algo acongojados- todos sus pacientes que la quieren, más que por sus habilidades profesionales, por su calidad humana.
Hoy homenajeamos a Ana. Y en ella a toda aquella gente que está en este mundo para llevar sosiego, compañía y servicio a los pobres seres humanos de este mundo, que tanto lo necesitamos. Yo tengo la suerte de contar con alguien así… ¿Vos qué opinás…?

Veinte Verdades Veinte

No, no. No es ninguna revelación. Ni espiritual, ni metafísica. Ni intelectual, ni futbolera siquiera. Las Veinte Verdades (así, con mayúsculas se escribe, no porque lo haga yo) se refieren nada más y nada menos que al peronismo. Yo llegué tarde a su conocimiento –reconozco mi ignorancia- y pude hacerlo hace poco a través de la lectura de un libro que solamente las mencionaba en un pasaje y, como me llamaron la atención, me lancé a “googlearlas”, como hacemos todos...

Al leerlas, no pude más que volver a desaprobar (por decirlo de algún modo elegante) a los gobiernos que se tildan de peronistas y que en su teoría y su práctica nada tienen que ver con la doctrina del General. Es más, aunque uno no sea peronista, al leer las Veinte Verdades y ver lo que hacen los gobiernos que se auto-proclaman “peronistas”, querría que un gobierno con esos conceptos se establezca ya y reemplace al que tenemos.

Claro, si Ud. tampoco las conoce se estará preguntando de qué se tratan las Veinte Verdades Veinte... Pues, adoctrínese (la negrita la resalté yo):

1. La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: EL PUEBLO.

2. El Peronismo es esencialmente popular. Todo círculo político es antipopular, y por lo tanto, no es peronista.

3. El peronista trabaja para el Movimiento. El que en su nombre sirve a un círculo, o a un caudillo, lo es sólo de nombre.

4. No existe para el Peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan.

5. En la Nueva Argentina el trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume.

6. Para un peronista de bien, no puede haber nada mejor que otro peronista.

7. Ningún peronista debe sentirse más de lo que es, ni menos de lo que debe ser. Cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.

8. En la acción política, la escala de valores de todo peronista es la siguiente: primero la Patria, después el Movimiento, y luego los Hombres.

9. La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.

10. Los dos brazos del Peronismo son la Justicia Social y la Ayuda Social. Con ellos damos al Pueblo un abrazo de justicia y de amor.

11. El Peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha. Desea héroes pero no mártires.

12. En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños.

13. Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso el Peronismo tiene su propia doctrina política, económica y social: el Justicialismo.

14. El Justicialismo es una nueva filosofía de vida simple, práctica, profundamente cristiana y profundamente popular.

15. Como doctrina política, el Justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con la comunidad.

16. Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social.

17. Como doctrina social, el Justicialismo realiza la Justicia Social, que da a cada persona su derecho en función social.

18. Queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre, y políticamente soberana.

19. Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un pueblo libre.

20. En esta tierra, lo mejor que tenemos es el Pueblo.

Y más allá de algunos atisbos de demagogia que alguno pueda encontrar, cualquier parecido con la realidad es... IMPOSIBLE. Me pregunto: ¿qué entenderán los actuales “gobiernos peronistas” sobre que la Justicia Social da a cada persona su derecho en función social? ¿Que unos pocos tienen que trabajar y otros muchos recibir subsidios para no hacer nada? ¿A eso se llamará “socialmente justa”? ¿Por qué para el nuevo peronismo “existe una sola clase de hombres: los que” NO “trabajan”? ¿Acaso es una idea demodé que sea “justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume”?

Perón dijo el 17 de julio de 1944: “Dividimos al país en dos categorías:
una, la de los hombres que trabajan, y la otra, la que vive de los hombres que trabajan.
Ante esta situación, nos hemos colocado abiertamente del lado de los que trabajan.”
No parece ese el lineamiento del peronismo gobernante actual. Y ¿cuál será hoy en día el “bien de la Patria” (la grandeza nacional no creo...)? Ni hablar de que “cuando un Peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca” –a quien le quepa el saco, que se lo ponga-.

Quizás haya leído en Internet o en algún mail de cadena que le haya llegado unos conceptos de Adrián Roger, del año 1931, que rezan:

“Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para ello, pero sin recibirlo.

“El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona.

“Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso, mi querido amigo, es el fin de cualquier nación.

“No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola".

Es más, la sociedad argentina actual se divide en tres: la clase trabajadora, la clase subsidiada y los marginales. La primera produce para sí misma y para la segunda y la tercera se aprovecha muchas veces de la primera en forma violenta (no hace falta describir las maneras, todos las conocemos).

En verdad, creo que los valores que se honraban hace sesenta u ochenta años eran absolutamente lógicos y verdaderamente estratégicos. Estos de hoy, solo tienen como objetivo el cortoplacismo de los períodos políticos y no el de la grandeza de los estadistas. ¿Vos qué opinás...?

Las contradicciones de Fito


“en tiempos donde nadie escucha a nadie,
en tiempos donde todo es contra todos,
en tiempos egoístas y mezquinos,
en tiempos donde siempre estamos solos;
habrá que declararse incompetente
en todas las materias del mercado,
habrá que declararse un inocente
o habrá que ser abyecto y desalmado”
,

dice Fito en “Al lado del camino” y parece difícil contradecirlo...
El mundo de hoy abruma a las personas y hasta les quita perspectivas. Quienes tienen acceso a casi todo (una minoría, por cierto) prueban y prueban de todo a lo largo de su vida (corta muchas veces) hasta llegar al punto de no saber qué más es lo que queda por experimentar. El final lo conocemos.
Quienes no tienen aquella posibilidad de las múltiples pruebas de emociones, por el contrario, pueden caer en depresiones, en dejarse estar y no esforzarse en lo más mínimo –hoy por hoy, uno de los deportes más populares- o en derivar su vida a rincones desde los cuales es espinoso volver, y también sabemos todos a qué me refiero.
Pero el caso que me ocupa en esta nota es el de aquellas personas que llegaron a la última etapa de su vida y se encuentran alejadas (en espacio o en tiempo) de hijos y nietos por la vorágine de la vida actual, “desenganchadas” de esta época a la que el rosarino hace mención, y, además, sin proyectos o actividades que les propongan un motivo permanente de interés para encarar cada día con el entusiasmo de entonces. Es muy habitual encontrar matrimonios o viudos sexagenarios (y mayores también) que solo se levantan cada mañana para ver pasar el día hasta la hora de volver al lecho. Y no es cuestión de hacer correr el tiempo solamente, viendo televisión, haciendo manualidades o Yoga, visitando parientes o haciendo paseos por algún lugar. Todo ello puede llenar horas, pero no llena el corazón de nadie. El ser humano necesita, como el burro, la zanahoria adelante para querer seguir. Sin motivación, la depresión o la perdición están ahí nomás...
Sin embargo, el gran cantautor desgarbado también entona:

“¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón...”


Y ahí está la fórmula: entregar el corazón. Vamos al grano: el mundo se mueve por emociones. El dinero gira por emociones –pertenecer a una clase, ser el primero en tener un producto, etc.-. La publicidad busca la emoción para lograr su objetivo de concretar la compra. El artista necesita provocar la emoción del espectador, del lector, del escucha, para lograr trasmitir su mensaje. El hombre busca, necesita la emoción. Es fundamental poder emocionarse, de las múltiples formas en que puede darse la experiencia. ¿Y entonces..?
Hay un mundillo especial para vivir la emoción hasta los últimos días de la vida. Un mundillo que provoca ganas de levantarse y hacer. De generar, de mejorar. Y de emocionarse. Ese mundillo se llama “ONGs”. Las ONGs (Organizaciones No Gubernamentales) son una forma magnífica para llevar bien al mundo. Y ese bien se traduce en beneficios para quien recibe el servicio y en una inmensa emoción para quien logra el objetivo de cambiar la realidad. En todo el país, hay miles y miles. Hay una a la vuelta de su casa, no le quepa duda, es solo cuestión de saber mirar. Igualitas a esas que aparecen en los programas de Tinelli y que logran conmover a cualquier televidente.
Desde años pertenezco a una de ellas (El Club de Leones), y la emoción que se siente con cada caso de solidaridad hacia el prójimo es una paga que no existe dinero, ni droga, ni vehículo, ni videojuego, ni fantasía sexual, ni nada que pueda igualarlo. Las ONGs permiten a quienes las integran elevar su condición de personas a la vez que las hacen sentir útiles, necesarias. Y verdaderamente lo son.
Fito se contradice. O no, quizás solo quiere ver todos los lados del asunto. De todos modos, yo me quedo con la última propuesta. ¿Vos qué opinás...?

PD1: La foto que ilustra la nota es del "Centro para Ciegos y Discapacitados Visuales" de mi institución, el "Club de Leones La Colonia-Quilmes Oeste".

PD2: Tinelli también dice esto:
http://www.eltrecetv.com.ar/shared/v2/fullscreen_videos.asp?archivo=http://contenidos2.canal13.com.ar/2009/10/14/mcsm131009marcelo.flv

Carta dejada por el Dr. René Favaloro


El Juez liberó la nota que dejó el Dr. René Favaloro antes de suicidarse.

Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic , está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca perdí mis raíces.. Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica. La primera etapa en el Sanatorio Guemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de post grado a todos los niveles.
Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo.
En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales. El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces.
La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada).
Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente.
Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía.
A pesar de que los directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno, que agradecían nuestro trabajo.
Este era nuestro único contacto.
A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación. Primero con la ayuda de la Sedra, creamos el Departamento de Investigación básica que tanta satisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular.
Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse a rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado.
La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos; como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto.
¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno!
Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica.
Lo mismo ocurre con el PAMI. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país.
Valga un solo ejemplo: el PAMI tiene una vieja deuda con nosotros (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente).
Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda.
El que quiera negar que todo esto es cierto, que acepte que rija en la Argentina el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con los acomodados de turno.
Lo mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga), el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana, sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano.
Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más! ¿De dónde proviene este infundio?. Muy simple: el paciente es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debe ser operado. El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo lo opere. '¿Pero cómo, usted no sabe que Favaloro no opera hace tiempo?'. 'Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe'. El cirujano 'de real valor' además de su capacidad profesional retornará al cardiólogo mandante un 50% de los honorarios!
Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las 'indicaciones' de su cardiólogo. '¿Doctor, usted sigue operando?' y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre.
Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional.
Concurren a los Congresos del American College o de la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna 'lecture' de significación. Así ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos. Pero aquí, vuelven a insertarse en el 'sistema' y el dinero es lo que más les interesa.
La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios. Allí les explican en detalles los mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la cirugía, los métodos de diagnóstico no invasivo (Holter eco, camara y etc., etc.) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., están incluidos.
No es la única institución. Médicos de la Fundación me han mostrado las hojas que les dejan con todo muy bien explicado. Llegado el caso, una vez el paciente operado, el mismo personal entrenado, visitará nuevamente al cardiólogo, explicará en detalle 'la operación económica' y entregará el sobre correspondiente!.
La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir 'no hay camas disponibles'.
Nuestro juramento médico lo impide.
Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses... Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica.
En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben.
Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una! Aquí, ni soñando.
Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros!. Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta.
¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente?
Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar.
La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic , le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar y le recordaba que Don Quijote era español!
Sin duda la lucha ha sido muy desigual.
El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse.
Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al 'sistema'.
Sí al retorno, sí al ana-ana.
'Pondremos gente a organizar todo'. Hay 'especialistas' que saben cómo hacerlo. 'Debés dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabés nada, que no estás enterado'. 'Debés comprenderlo si querés salvar a la Fundación'
¡Quién va a creer que yo no estoy enterado!
En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer.
Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: 'a mí no me ha derrotado nadie'. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla. Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular. El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo.
'¡La leyenda, la leyenda!'
Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga.
Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz.
Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata.
No puedo cambiar.
No ha sido una decisión fácil pero sí meditada.
No se hable de debilidad o valentía.
El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano.
Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.
Estoy tranquilo... Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.
En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta.
En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara.
A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.
Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa.
Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.
Un abrazo a todos
René Favaloro

julio 29 de 2000 - 14:30 horas

¿Vos qué opinás...?

Del dicho al hecho...


Pasaron las elecciones y los coletazos se están empezando a sentir, tanto en el seno del Gobierno como en el propio Justicialismo. Dirigentes distanciados que empiezan a aparecer otra vez, renuncias de un lado y de otro, viejas amistades que dejan de serlo, amistades nuevas que van apareciendo (camaleonismo, bah). Pero me parece importante analizar el papel de la política, o de los políticos, haciendo referencia con esas designaciones a aquellos que son candidatos pero no son aún funcionarios públicos.
En las últimas cuatro o cinco elecciones hemos visto surgir distintas fuerzas que aparecieron como alternativas de poder. En todos los casos, la alegría por los triunfos obtenidos se transformó también en el entusiasmo por conformar una verdadera fuerza de alcance nacional que permita discutirle al Justicialismo los espacios de poder. Casi hasta parece lógico pensarlo, si se tiene en cuenta el hecho de ganarle una elección al Peronismo, como ocurrió el pasado domingo 28 a manos de Unión Pro en la provincia de Buenos Aires, principal distrito del país y máximo escenario de la política nacional (por ello el kirchnerismo puso toda la carne al asador allí).
Sin embargo, resulta llamativo recordar que en ningún caso estas fuerzas lograron conformar lo que soñaron tras los escrutinios que los favorecieron. El por qué de esto da quizás para el estudio de un politólogo más que para la charla de café, pero –aunque sea a nivel doméstico- quiero echarle un vistazo al asunto.
Estoy empezando a creer que las elecciones no se ganan. Es decir, ningún político gana las elecciones, aunque ellos así lo crean (¡¿quién le hace creer a De Narváez que no le ganó a Kirchner?!). Estoy empezando a rumiar que los políticos se imponen en las elecciones en detrimento de los oficialismos competentes en la contienda. Y que cuando esos políticos asumen sus roles tras los comicios y, ya devenidos a funcionarios públicos, se someten al sufragio popular ven cómo sus votos van a parar a manos de otros políticos, que aún no son o fueron funcionarios. Y es allí cuando deben concluir que, en realidad, ellos tampoco ganaron nunca una elección sino que la habían perdido quienes ejercían el Poder. O para ser más claros: los votos van a parar a manos de políticos opositores al régimen, en la única esperanza que queda de que algo de lo que está pasando cambie. Pero cuando esos políticos se convierten en parte de la clase gobernante (desde el Poder Legislativo o desde el Ejecutivo), no conservan el privilegio en las urnas, que vuelve a quedar en manos de alguna agrupación de políticos –que todavía no demostraron lo malo que van a ser cuando sean funcionarios-. Simplificando más la cuestión: los votos no son positivos, son opositores. Los votos no apoyan a un político o a una fuerza sino que se oponen al Poder de turno, prestándole poder al que está de moda y más posibilidades tiene de arruinarle la fiesta a los que quieren atornillarse a sus sillones. Si hacemos memoria, recordaremos que Bloomberg fue oposición con pretensiones importantes (y con movilizaciones considerables en base a la lucha contra la inseguridad), Carrió fue segunda fuerza –algunos sostienen que su frente aún lo es- y hoy el Pro le arrebata una elección al Peronismo (al kirchnerismo en realidad). Si tenemos en cuenta las extracciones de derecha y de izquierda de estas diferentes agrupaciones, inferiremos que el pueblo está prestándole poder a la fuerza opositora de turno en pos de quitárselo a quienes gobiernan. Simplemente eso: no votar a favor de una política o un proyecto sino en contra del que está, mecánica que se repite una y otra vez en nuestra rutina democrática…
La política dice. Los gobernantes hacen. Estoy empezando a creer que los argentinos somos mucho mejores con las palabras que con los hechos. ¿Vos qué opinás…?

Primeras escaramuzas


“Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía.”
Mariano Moreno

En los últimos meses, se vienen sucediendo episodios que, a mi entender, van dejando de ser hechos aislados y van empezando a marcar una tendencia. Porque llevan un hilo conductor que permiten proyectar futuras acciones similares, aunque ya de mayor tenor y gravedad. Una pared que se levanta (aunque solo haya podido ser en la intención, que es lo más importante) en el límite entre San Isidro y San Fernando, impulsada por un Intendente que no encontró mejor forma de delimitar dos comunidades. Todo un símbolo. En Lanús, días atrás, se desarrolló una verdadera batalla campal entre vecinos de un barrio y ocupantes de un asentamiento, que sacaron a relucir (de ambos lados) el resentimiento, el encono, la irreconciliable “diferencia” existente entre los dos grupos. Y ya hubo otros hechos parecidos en distintos barrios de Capital y GBA, generalmente con okupas de territorios (hasta hubo toda una villa incendiada el año pasado) y vecinos que ven cómo su geografía cercana pierde calidad de vida al alojar gente sin las mínimas condiciones necesarias para desarrollar la existencia de una familia de una manera digna…
El perverso sistema político instalado hace casi una década de fomentar la vagancia y la des-educación premiando a quienes lo integran con planes sociales está alcanzando límites que, supongo, ni sus propios iniciadores imaginaron. Una verdadera “máquina de hacer pobres”, como sugirió alguna política tan moral como opositora (¿quién sabe cómo sería si estuviera del otro lado del mostrador…?), que paga subsidios por hijo y engendra una espiral reproductiva de descendientes no educados. Y que permite a quien reparte esas dádivas seguir perpetuándose en el poder, porque quienes lo reciben prefieren ese modo de vida a otro. Dos puntas de un sistema que, de democrático, ya no tiene prácticamente nada, porque se va convirtiendo en invencible gracias a la proliferación de no educados que votan por recibir miseria sin esfuerzo.
En el medio, la gente trabajadora, la educada, genera recursos para el sistema en su conjunto, aunque en proporción cada vez alcance para menos…
El método del cáncer, exactamente igual. Dicen T. Dethlefse y R. Dalhke en “La enfermedad como camino”:

“Esta triunfal proliferación de las células cancerosas termina cuando ha consumido literalmente a la persona a la que ha convertido en su suelo nutricio. Llega un momento en el que la célula cancerosa sucumbe a los problemas de abastecimiento. Hasta este momento, prospera.

“El comportamiento de la célula cancerosa es satisfactorio únicamente mientras vive el casero, su final significa también el fin del desarrollo del cáncer. Aquí reside el pequeño pero trascendental error en el concepto de la realización de la libertad y la inmortalidad. Uno se retira de la antigua comunidad y no se da cuenta de que la necesita hasta que ya es tarde.”


Estamos asistiendo a esto. Llevará tiempo, aunque no demasiado –en términos históricos- llegar a una guerra civil. Éstas que presenciamos son las primeras escaramuzas, las que el cuerpo, que antes estaba sano, inicia contra el cáncer. Pero el método del cáncer es fuerte, y avanza. Prolifera, se multiplica, y el cuerpo sano cada vez será menor y más débil. Este sistema se transforma en un verdadero monstruo que cada vez comerá más y más, demandará más y más, luchará más y más, en pos de saciar sus necesidades de la manera menos educada, menos socializada, menos comunitaria.
Se acercan las elecciones, quedan pocos días, y la reflexión sobre esta terrible proyección debería provocar un verdadero acto reflexivo en cada uno para tratar de que esta película tenga otro fin. ¿Vos qué opinás…?

Mandamientos y prioridades


Hace 27 años (uf!), cumplía con el servicio militar obligatorio. A lo largo de cincuenta interminables días, realice el período de instrucción en un batallón de Campo de Mayo, en plena guerra de Malvinas. Tiempo suficiente para aprender orden cerrado (el “ceremonial y protocolo” militar), manejo de armas de fuego –lo que quedaba de ellas, en realidad-, los grados en el Ejército, prácticas militares diversas (incluidos el cuidado de las pertenencias, la manera de acampar, la orientación sin instrumentos, etc.) y hasta cómo odiar o hacerse odiado –algo que verdaderamente no sabía hasta ese momento-. Bueno, esto último no me lo enseñaron por cierto, pero lo aprendí solito…
Sin embargo, de todo ese “programa docente”, lo que más me pegó fueron las enseñanzas del capellán (sacerdote militar, más de lo segundo que de lo primero). Este muchacho, muy consustanciado con la doctrina del momento, logró patear el tablero de mis creencias cristianas vivientes en mí desde el catecismo y la confirmación. Según este “clérigo”, los mandamientos no eran verdades absolutas sino más bien relativas. Es decir, siempre hay prioridades que ameritan dejar de lado un mandamiento en pos de un bien mayor, por ejemplo: “No matarás”, siempre y cuando no llegues a tu casa y se estén violando a tu hermana (sic). “No robarás”, a no ser que tu hijo tenga hambre y estés en la puerta de un palacio donde dan un banquete. Una teoría que encajaba perfectamente en el pensamiento de la época, que justificaba los medios en pos de los fines…
Aquella relatividad nunca dejó del todo de dar vueltas en mi cabeza. Porque tenía mucho de malo el entorno de dónde venía, lo cual era prácticamente condenatorio. La persecución y muerte que arrasó con miles de personas en aquel período estaban basadas precisamente en una lógica que establecía qué males eran más malos y qué se debía hacer al respecto, violando cualquier norma establecida (legal, moral o religiosa). Sin embargo, no deja de tener mucha sensatez el hecho de dar prioridad a las cosas. Y los mandamientos o prácticas cristianas (o religiosas en general, seguramente) no escapan a ello. Ahí es donde sobreviene la disyuntiva: ¿está bien o está mal ese orden de prioridades? ¿deben ser absolutos o relativos los mandamientos de la Iglesia –o hasta los de la Educación, los de las leyes o los que fueran-?
Y aunque parezca un tema menor o atemporal, creo que tiene absoluta importancia y vigencia. Hoy, la inseguridad convierte en “justiciero” (¡qué término para alguien que asesina a una persona, aunque sea delincuente!) a todo aquel que puede salvar a su familia o a él mismo de un robo, una vejación o hasta de la muerte. Y no creo que nadie condene el hecho de defenderse de una agresión que uno ni siquiera conoce qué fin va a tener (antes era más certero que quien robaba no pasaba de ello, pero hoy ese límite no existe más y, ante la duda…). Ni hablar de tantos otros casos, de menor importancia ergo, que también supeditan códigos establecidos en pos de beneficios superiores, porque “el sentido común así lo indica”.
Quizás exista un mix que apunte más a la verdad que la rigidez de lo absoluto o la vaguedad de lo relativo. Aunque eso ya deja de ser absoluto. Lo cierto es que salir de lo absoluto también tiene su riesgo, y ya lo hemos vivido, ciertamente.
Creo que la duda me acompañará mucho tiempo más, a pesar de que llevo más de la mitad de mi vida sin resolverla. Los dogmas del capellán (quizás ya fallecido) todavía siguen siendo cuestionados en mi cabeza, aunque nunca pude condenarlos del todo. Quizás las épocas cambiaron y hoy, aunque parezca que no, la sociedad toda esté más cerca que alejada de aquellas cuestionables teorías del sacerdote militar. Y me queda otra duda: ¿Vos qué opinás…?

La Gran Estafa


Hace unos meses, tratando de comprar un auto usado, me contacté con alguien que tenía uno que me interesó. Estaba “impecable” según el aviso y las fotos publicadas daban prueba de ello. Concerté una cita y, nada menos que un viernes por la tarde, crucé toda la Capital Federal para llegar hasta Zona Norte a ver el vehículo. Tras un nuevo llamado al vendedor, nos encontramos en una estación de servicio. Patética sensación tuve cuando vi llegar aquel coche, que nada parecía tener que ver con lo que se veía en la red…
Conversando con el dueño, me dijo que las fotos databan de unos dos años (lo que no parecía, desde ya). El estado del auto era deplorable: interior, exterior, mecánica, todo era un desastre. Sin muchas vueltas, me volví a mi domicilio cruzando nuevamente la gran urbe con la inmunda sensación de sentirme estafado.
Ya en mi casa, conectado a Internet, pude verificar que la patente del vehículo de las fotos era distinta de la de aquel que fui a ver, lo que aumentó mi indignación. Redacté urgentemente una carta al site que albergaba el aviso explicando lo sucedido, lo que mereció que al día siguiente el mismo no figurara más allí…
Es una horrible sensación pedir en un restorán una entrada de jamón cocido y notar que te trajeron paleta. O alquilar un lugar para vacacionar viéndolo por fotos y comprobar al llegar que nada tiene que ver con lo promocionado. O depositar fondos propios en un banco amparado en la “ley de intangibilidad“ y padecer un “corralito financiero” solo a los tres meses. Yo (¿y quién no en este país?) pude experimentar la impotencia que se siente ante la estafa –aunque en el caso relatado solo fuera en mis ilusiones, nada más (y nada menos…).
Sin embargo, la Argentina siempre da para más. Siempre puede sorprendernos, aunque uno tenga pocos o muchos años, la capacidad de asombro no puede perderse nunca. Hoy, la farsa llega al insospechado límite de las “candidaturas testimoniales”. Bonito nombre para una mentira de semejante tamaño. Ni María Elena Walsh y su poesía disparatada sería capaz de inventar una cosa similar (la poetisa no era perversa, por supuesto). Candidatos de mentira. Que son figuritas, pero que no son de verdad. Que aparecen y desaparecerán, pero no por arte de magia sino por el arte de mentir. La magia es una ilusión. La mentira descarada no. Y si “violencia es mentir”, como dice el Indio, esto no es más que una inmensa e inmunda violencia. Una más que va a parar a la mochila de este gobierno, como la de los índices del Indec, la de las retenciones para construir hospitales, la patraña de retirar los fondos de las AFJP para inyectar el dinero en obras y tantas otras que dan no solo vergüenza sino hasta asco. Y que logran engañar al “soberano”, que nada tiene de ello porque se lo ha sub-educado para que pise el palito en artimañas de calibre tan burdo como éste al que asistimos.
Me aborda la vergüenza como argentino, por advertir cómo desde el poder se le tiende una trampa a la gente para que “compre” lo que no va a tener, mientras –a la vez- el pueblo educado (que cada vez es menos en porcentaje) se ve burlado desfachatadamente porque el soberano dominado por la ignorancia decide en cantidad imbatible. ¿Vos qué opinás…?

Chau Alfonso...


El viejo caudillo estaba cansado, enfermo, agotado. Y no quiso empezar un abril más. Ochenta y dos juntó. Y así como cuando murió el Presidente Perón, su opositor de siempre, el Dr. Ricardo Balbín, lo saludaba diciendo “hoy, este viejo adversario despide a un amigo”, los argentinos todos despedimos ahora a un verdadero amigo. Porque luchó para todos. Porque es el único ex Presidente que no fue acusado de corrupción. Porque peleó por los Derechos Humanos (los de todos), porque avanzó sobre los injustos y asesinos. Porque, junto a todo un Pueblo que lo acompañó, logró conformar una Democracia que –como expresara notas atrás- aún tiene mucho por resolver.
Chau Alfonso. Que en paz descanses. Ojalá vos puedas, algún día, volver y ser millones. Para que entre todos podamos “constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. ¿Vos qué opinás…?